miércoles, 31 de agosto de 2011

BSPA, un modelo educativo salteño para la inclusión y la contención social

Fue creado en 1986, durante el gobierno de Roberto Romero, como una alternativa para que los adultos terminen los estudios secundarios.
Contemplaba una duración de tres años (divididos en seis cuatrimestres), en lugar de los 5 de la secundaria.Los horarios y el régimen de evaluación respondían a las necesidades de los estudiantes adultos.
En los últimos días una decisión del Gobierno provincial mantiene convulsionada a la comunidad educativa salteña; el cierre de la Dirección de Regímenes Especiales generó una honda preocupación en las instituciones de su dependencia y, especialmente, en los Bachilleratos Salteños para Adultos (BSPA).
Es que este sistema, desde su creación allá por agosto de 1986, en plena restauración democrática y durante el gobierno de Roberto Romero, se constituyó en modelo para la inclusión y desarrollo educativo de los adultos.
En aquellos tiempos, tras su lanzamiento, las expectativas que el Gobierno había depositado en él eran grandes, pero debió redoblar la apuesta cuando al año siguiente tuvieron que abrirse más locales en lugares clave de la ciudad, porque la capacidad de las aulas de los primeros centros estaba superada.
Desde su origen los centros BSPA funcionaron en edificios de escuelas primarias y secundarias; la Roca, la Zorrilla, la Alberdi, la Arenales y el colegio Aráoz fueron algunos de los más antiguos.
Se trataba de un proyecto de “educación popular y de inclusión social”, tal como afirmó el gobernador Romero cuando lo puso en marcha.
Presentar un título en el trabajo, compartir saberes con la familia, cumplimentar el secundario que por distintos motivos habían abandonado, eran algunos de los objetivos de aquellos adultos mayores de 21 años que se integraban al sistema.
Si la iniciativa de las autoridades que lo pusieron en marcha fue importante, para los jóvenes docentes que se iniciaban en la educación de adultos el desafío era mayor.
Sus orígenes
La esencia del BSPA, desde sus orígenes, fue, justamente, dar respuestas a un amplio sector de adultos que habían sido excluidos de los diferentes sistemas existentes. Esto fue acompañado por una política del gobierno que impulsaba la terminación de los estudios secundarios de los empleados de la administración pública provincial y municipal, fuerzas de seguridad y de otras reparticiones dependientes del Estado.
Una particularidad del sistema era que los alumnos adultos se encontraban en las aulas con profesores jóvenes, capacitados especialmente para desempeñarse en ese nivel. Y los que se insertaron, hombres y mujeres con ganas de estudiar, no desperdiciaron la oportunidad y muchos no sólo obtuvieron el título de bachiller, sino que redoblaron su esfuerzo y siguieron carreras universitarias y terciarias es con éxito.
Sin facilismo y con mucha responsabilidad, los centros BSPA fueron durante 25 años no sólo una alternativa de estudio; en muchos casos se convirtieron en lugares de contención para quienes creían que las opciones de terminar el secundario se les habían cerrado.
La currícula tuvo una característica novedosa para ese nivel: se agruparon las materias en áreas, lo que les permitía a los alumnos tener una percepción integral de la realidad. A esto se agregaba un sistema de evaluación particular: para aprobar un área, al final de cada cuatrimestre debían rendir un “coloquio integrador”, esto es, elegir un tema o problema y enfocarlo con el aporte de los contenidos de todas las áreas.
También fue especial la relación entre docentes y alumnos: en forma conjunta, y teniendo en cuenta las características de los grupos, se elaboraban los reglamentos de convivencia, que no constituían precisamente un sistema de sanciones ni penalidades, sino de pautas para mejorar las relaciones interpersonales.
Este proyecto piloto, que luego dejó de ser tal y se convirtió en parte del sistema educativo formal, fue sometido a transformaciones y adecuaciones en función de las necesidades y exigencias de la comunidad. Sin embargo, en los últimos tiempos esos cambios fueron desvirtuando las bases sobre las que fue creado y hoy está en duda su continuidad. Aún así, el BSPA sigue siendo la única alternativa válida para contener a esa población estudiantil que fue marginada por la escuela secundaria común, que aún no tiene respuestas claras para enfrentar las necesidades de la sociedad actual.
FUENTE: DIARIO EL TRIBUNO

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